Sobre el nombre de Chiclana (5): Sicculana o Caeciliana.

Con este quinto y último post, cerramos las distintas hipótesis que conocemos hasta la fecha, sobre el origen del nombre de Chiclana. Se tratan de dos propuestas de interés, que coinciden en que el origen del nombre de nuestra ciudad proviene de un antiguo topónimo, en concreto un antropónimo de origen romano. Veamos al respecto.

La toponimia (del griego topos, “lugar”, ónoma “nombre”), se puede definir como el estudio del origen y la significación de los nombres propios de lugar (regiones, ciudades, villas, aldeas, montes, lagos, etc.); fundamentalmente los topónimos tienen dos orígenes, nombres propios de personas o derivados de ellos, en este caso se denominan antropónimos, o bien nombres comunes (fauna, flora, naturaleza del terreno, agrícolas, ganaderos, etc.). La mayoría de los topónimos de España son de origen latino.

Emilio Nieto Ballester, doctor en Filología Clásica (Filología Latina) y profesor titular en la Universidad Autónoma de Madrid, con un amplio historial de publicaciones, tanto de artículos en revistas especializadas, como en formato libro.

Entre sus publicaciones destaca su “Breve diccionario de topónimos españoles” , publicado por Alianza Editorial en 1997. Se trata de la primera obra de conjunto sobre la toponimia española, cuenta con gran prestigio dentro de la toponimia en España y es consulta obligada para las personas interesadas, tiene mas de 2000 topónimos y es citada en centenares de ocasiones por otros autores. 

Pues bien, entre los topónimos que recoge el diccionario de Nieto Ballester se incluye la referencia a  Chiclana de la Frontera, que reproduzco a continuación:

Por tanto, el profesor Nieto Ballester sostiene que el nombre actual de Chiclana, se trata de un antropónimo de un nombre romano al que se le aplica una sufijación en -ana. Es decir, se trataría del nombre de la hacienda de un tal Sicculus, que con la adición del sufijo -ana, que indica pertenencia, formaría el sustantivo Sicculana (la hacienda o la villa de Sicculus), que por evolución del árabe o mozárabe de la silbante y la adaptación al castellano del fonema resultante de la (s) romana a la (c) castellana, da lugar a Chiclana.

Pero esta hipótesis, a tener en consideración que sostiene el Profesor Nieto Ballester, es corregida por el Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Cádiz, Joaquin Pascual-Barea, en un artículo que se puede encontrar en RODIN  (Repositorio Institucional de la UCA), donde aparece publicada su “Reseña al libro de Emilio Nieto Ballester, Breve diccionario de topónimos españoles. Madrid: Alianza, 1997, por Joaquín Pascual Barea (Universidad de Cádiz, 1998-01-01), fuente Excerpta Philologica, 7-8 (1997-98), 321-323.

En dicha reseña el catedrático Pascual-Barea, reconoce y ensalza la obra de Nieto Ballester pero matiza algunos temas, en concreto respecto a su hipótesis sobre Chiclana nos dice lo siguiente:

“Aunque no se conserva referencia alguna a Chiclana hasta que la antigua aldea musulmana volvió a ser poblada en el siglo XIV, el nombre tiene en efecto el aspecto de uno de los muchos topónimos derivados mediante el sufijo -anao -ena de un antropónimo latino. Pero si fuera así, éste nombre no sería un extraño Siculus, pues el resultado del inexistente *Sicculanahabría sido *Jiclana o *Jijana, sino Caecilius, nombre de una rica e importante familia de la Bética ligada al comercio marítimo y documentada en otros lugares en varias inscripciones gaditanas. Además, Chiclana sí es el resultado esperado de la forma muy común Caeciliana, documentada ya en la Antigüedad como topónimo en Extremadura y como nombre de una hortaliza, lo que también hay que tener en cuenta; el grupo consonántico -cl- pudo conservarse en posición interior átonas, al igual que en inicio de palabra donde también se conserva.”

Esta hipótesis, es considerada de bastante interés por el periodista y gestor cultural chiclanero, Juan Carlos Rodríguez, quien en su libro “Laurel y Rosas”, pag. 49, recoge dicha propuesta y nos dice al respecto:

“La hipótesis de Joaquín Pascual-Barea por el que el nombre de Chiclana viene de Caeciliana, y esta a su vez del antropóninmo Caecilius – que equivaldría hoy al nombre de Cecilio -, es más que interesante, además, por esa adscripción a la familia de Quinto Caecilius Metellus Pius, procónsul romano en Hispania en el 80, quien provenía de una de la familias principales de la República Romana, los gens Cecilia. Es el Metelo que combatió a Sertorio y que dejó tras sus victorias ciudades bautizadas como Caeciliana, cerca de Setubal, o Castra Caeciliana y Vicus Caecilius, ya en tierra cacereñas. Y, a su vez, un comerciante relacionado con los Cornelii Balbi, los Balbos, “oligarquía gaditana cuyo núcleo tradicional estaba sin duda ligada por viejos linajes fenicios”. La incógnita siempre será por qué se reproduce, ya en el siglo XIII, en Chiclana de Segura. “

Por mi parte, como ya comenté en un post anterior, el origen fenicio de nuestra ciudad es indiscutible, así lo confirman los importantes hallazgos arqueológicos del yacimiento de Cerro del Castillo. Sin embargo posiblemente, el nombre de Chiclana provenga de un topónimo antiguo de origen latino. A este respecto he expuesto las distintas hipótesis para que juzgue el lector.

En todo caso es apasionante conocer nuestros orígenes y estoy seguro que la nueva generación de historiadores podrán dilucidar y aclarar el origen del nombre de nuestra ciudad.