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Coplilla sobre la Batalla de Chiclana

El gaditano Adolfo de Castro y Rossi , en su obra “Cádiz en la guerra de la independencia”, publicado en Septiembre de 1962, recoge una coplilla relativa a la Batalla de Chiclana, a la que denomina como batalla del Cerro, por el Cerro del Puerco, y en la que se mofan los gaditanos de las pérdidas sufridas por el ejército francés en dicha Batalla, contra poniéndolas a la poca efectividad del fuego artillero de estos sobre la ciudad de Cádiz, de modo similar a como lo hacían en la famosa coplilla:

“Con las bombas que tiran
los fanfarrones
hacen las gaditanas
tirabuzones.
Con las bombas que tira
el mariscal Soult
hacen las gaditanas
toquillas de tul.”

Recojo el fragmento completo en su versión original:

“… Los franceses, despues de la batalla de Chiclana, procuran hacer otras pruebas del alcance de sus granadas. El día 13 de Marzo dirijen algunos tiros desde la Cabezuela; pero sus piezas, como acontece en este sitio, no pueden resistir largo tiempo tanto esfuerzo; y así á cada uno de ellos se va el alcance minorando.
Todo en este asedio da ocasion para provocar los chistes de los gaditanos, cuya condicion es proverbialmente alegre. Matan las granadas solo un gato y un perro: rompen ya las narices de un ángel de madera, que sostiene una lámpara, ya una cama de un religioso de San Juan de Dios, que venturosamente no duerme en ella el instante aquel, no obstante ser entrada la noche. Los muchachos cantan y repiten por las calles, aludiendo á la batalla del Cerro del Puerco, esta copla que es muy solemnizada por los mayores y que por muchos dias se entona por do quiera.

Tres mil franceses murieron
En la batalla del Cerro;
Pero han logrado en desquite
Que una bomba mate un perro.

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Lejeune y la cantinera Catherine

Batalla de Chiclana de Louis François Lejeune

Quizás uno de los cuadros más conocidos y representativo de la Batalla de Chiclana, sea el que lleva dicho título, que fue pintado por el pintor y general francés Louis François Lejeune.

Louis-François, barón de Lejeune, (1775-1848) fue un militar francés, nacido en Versalles, veterano de las campañas napoleónicas, en las que acompaño al general Bonaparte, lo que compagino con su pasión por la pintura y la litografía.

Convirtió las campañas de Napoleón en motivo de sus obras, lo que lo rodeo de fama y prestigio dado la veracidad y el vigor que supo imprimir a las mismas, generalmente ejecutadas desde esbozos hechos en los propios campos de batalla.

Su cuadro sobre la Batalla de Chiclana, que se encuentra en el Palacio de Versalles, representa una alegoría de dicha batalla, pintando en primer plano a los soldados ingleses y franceses enfrentados, tratando de reflejar el enfrentamiento de las dos grandes potencias europeas, y situando en planos secundarios a los participantes españoles. Igualmente en la composición aparece la ciudad de Cádiz al fondo, para relacionar la batalla con su asedio, aunque realmente no es posible la visión de la ciudad desde el lugar donde se desarrollo la batalla.

Pero hay un detalle en este cuadro que me llama especialmente la atención, y creo  merece la pena conocer. En la parte inferior del cuadro hacia la derecha aparece una figura femenina dando de beber a los soldados en plena batalla, que podemos  apreciar mejor en la fotografía que ponemos a continuación.

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Batalla de Chiclana

Con motivo de la celebración del bicentenario de la Batalla de Chiclana o de la Barrosa, y dentro de las actividades conmemorativas del mismo, tubo lugar un acto de homenaje y reconocimiento al General Thomas Graham. En dicho acto se le dió su nombre a los jardines que rodean la Casa del Coto y se ubicó en la misma un busto, como recuerdo y reconocimiento de su heroico comportamiento en la citada batalla.

No puedo por menor que aplaudir la iniciativa y dicho homenaje, que considero totalmente adecuado y merecido, porque independientemente de las discusiones, opiniones y debates sobre la batalla y el comportamiento de los participantes, lo que parece fuera de toda duda es que por “locura”, “atrevimiento” o “valentía” el gran protagonista de la batalla principal, la que acaeció en el Cerro o Loma de Cabeza del Puerco y pinares aledaños, en la que se derroto un ejército francés superior en fuerzas y en la que las fuerzas aliadas, fundamentalmente británicas, se batieron como verdaderos héroes, fue el General Thomas Graham.

Tanto en aquella época como en la actualidad, se dan distintas versiones sobre el comportamiento de los protagonistas de la Batalla de Chiclana, se discute sobre su actuación y las consecuencias posteriores. Hoy sigue la controversia sobre si el General Lapeña abandono a Graham a su suerte o si actuó correctamente pues Graham debió cumplir con la orden de marcha que tenía de su superior, así como si se hubiera sido posible o no, un nuevo ataque el día siguiente, que hubiera podido conseguir una derrota total del ejército francés y el levantamiento del cerco de Cádiz.

Pero no parece justo, que por el afán de defender el papel jugado por los españoles en la batalla y de reponer el buen nombre o la actuación del General Lapeña, se olvide, silencie o menosprecien la actuación del protagonista principal, que no es otro que el General Graham.

Quizás el emplazamiento no sea el más adecuado, pues si bien la Casa del Coto, que actualmente acoge un Centro de Interpretación del litoral y Oficina de Turismo, tiene un valor histórico directamente relacionado con dichos acontecimientos, dado que en ella estuvo ubicado el puesto de mando del ejército francés y en sus alrededores tuvieron lugar los combates en tono a Torre Bermeja, Molino de Almansa y las Flechas.

También es cierto que no guarda relación con la batalla principal, que libró Graham en el Cerro de la Cabeza del Puerco, y que en dicha ubicación espero Lapeña sin enviar refuerzo hasta prácticamente el final de la batalla. También en ella tuvo lugar el encuentro de ambos tras la batalla, pero no creo que dicho encuentro sea muy del agrado de Graham.

Con todo para aquellos que no conozcan los hechos, trato de resumirlos y de ser los más objetivos posibles, y espero poder facilitar alguna información secundaria en próximos post:

Mapa de la Batalla de Chiclana

Los hechos:

En Febrero de 1811, el mariscal Sult, envío parte de las tropas que al mando del general Víctor mantenían el bloqueo de Cádiz, a Extremadura para contrarrestar la ofensiva aliada en ese frente.

Conocida esta disminución de las tropas que bloqueaban Cádiz, la Regencia elabora un plan que consistía en atacar por retaguardia al ejército francés desembarcando un grueso número de tropas en Tarifa o Algeciras, pensando que Víctor marcharía con su ejército tierra dentro, lo que se aprovecharía para atacar los puntos del bloqueo a los largo de la costa.

Al frente de las fuerzas españolas se nombra al teniente general Manuel de Lapeña, Capitán General de Andalucía, que asume además el mando de las fuerzas combinadas. En total unos 14.600 hombres, formados por el 4º Ejercito de la isla de León: 8000 infantes, la División anglo-portuguesa de Sir Thomas Graham con 5100 hombre, contando con los refuerzos enviado por Campbell, a los que hay que añadir los 1600 de la Brigada Begines de los Ríos que operaba la serranía de Ronda.

Las fuerzas francesas contaban con unos 23.000 hombres para cubrir todo el sector, desde Sancti Petri a Chipiona. De estos, unos 3.300 cubrían los puestos en las líneas de asedio a Cádiz y unos 2.500, al mando de general Cassagne, ocupaban y defendían Medina Sidonia.

La misión inicial era avanzar hasta tomar Medina Sidonia para atacar desde allí Chiclana. Esto se debía hacer coincidir con desembarcos a lo largo de la costa para bombardear y atacar posiciones enemiga en Rota, Chipiona y Puerto de Santa María, así como que las tropas que esperaban en la Punta del Boquerón, al mando del General José de Zayas, atravesaran el caño de Sancti Petri, en el momento oportuno, para cercar al enemigo.

Tras diversas vicisitudes se lleva a efecto los desembarcos en Tarifa y Algeciras, y una vez reunidas las tropas aliadas, emprenden la marcha optando por tomar el camino del interior hacia Casas Viejas y Medina Sidonia. Para ello rodean la laguna de la Janda, mediante marchas nocturnas. A su vez parte de las tropas marchan hacia Vejer, la que toman sin grandes dificultades.

La mañana del 3 de Marzo se toma Casas Viejas, y se produce el primer desencuentro entre los generales Lapeña y Graham. Aquel, antes los informes del refuerzo de Medina Sidonia con la llegada de tropas del general Cassagne, decide no continuar avanzando hacia la misma y cambia el itinerario para llegar a Chiclana por la retaguardia desde la ruta costera que discurre por Vejer y Conil.

Para tomar esta ruta y con el fin de no desandar parte del camino recorrido, se opta por cruzar la laguna de la Janda, lo que extenúa aún más a las tropas aliadas, ya de por si cansadas por las marchas nocturnas.

Cruzada la laguna, se reúnen todas las tropas en Vejer, donde se ultima el plan de ataque. Para coordinar el mismo con las fuerzas apostadas en la Punta del Boquerón, se envía un correo embarcado en un falucho para avisar al General Zayas. Pero el correo es interceptado por un bergantín inglés, que al no presentar salvoconducto lo retiene.

A esto se añade, que durante la madrugada del 3 al 4 de Marzo el puente de barcas establecido por el General Zayas para trasladar las tropas con objeto de situar una cabeza de puente en la Punta de la Sanidad, desde donde atacar la posición enemiga conocida como “las flechas” que estaba situada en el punto más estrecho entre el arroyo del Alcornocal y la playa, es atacada por los franceses.

Estos logran arrollar la cabeza de puente, produciéndose un cruento enfrentamiento con gran número de víctimas. Una vez rechazada la ofensiva francesa el general Zayas opta por desmontar el puente de barcas para evitar incursiones francesas aprovechando el mismo.

Ignorando estos hechos, el ejército aliado anglo-español avanza por Conil, variando su itinerario de marcha hacia Chiclana en la zona de La Lobita ante un encuentro con fuerzas francesas y tomando el camino del cerro de la Cabeza del Puerco, donde llegan sobre las 8 de la mañana del día 5 de Marzo.

Mapa-de-La-Batalla-de-Chiclana-de-la-serie-de-Napoleón

Situados en la loma de dicho cerro, donde se ubica la Torre de la Barrosa, hoy llamada Torre del Puerco, y al no observar movimientos de tropas en la desembocadura del caño de Sancti Petri, realizan diversas señales con banderas y disparos de cañón para avisar a las tropas de Zaya que iniciaran el ataque a las posiciones francesas.

El Teniente General Lapeña, sorprendido al seguir sin observar movimiento al otro lado del caño, ordena, a la vanguardia mandada por Lardizábal que ataque las posiciones francesas de “las flechas”, sobre las nueve de la mañana.

Al acercarse la vanguardia a los pinares existentes alrededor de las posiciones francesas, que estaban desplegadas entre Torre Bermeja y el Caño Alcornocal, reciben una carga de la brigada de la división Villatte, logrando contener el ataque y replicar al mismo, con una feroz resistencia de los franceses. Estos terminaran replegándose primero hacia la casa del guarda del Coto de San José, actual Casa del Coto, para posteriormente atravesar el pinar y cruzar el caño de Almansa, hacia la zona hoy conocida como Cerro Molino.

Mientras las fuerzas de la Isla de León al mando del general montan de nuevo el puente e inicia el ataque a las posiciones francesas de las Flechas, que tomará sobre la una de la tarde.

Sobre la 1,30 las fuerzas francesas de Villatte, han cruzado totalmente el cañón, aunque se mantiene el fuego artillero, que no cesará hasta que estas tropas retrocedan, al atardecer, hasta la posición de fuerte del cerro de Santa Ana, en Chiclana.

Las tropas españolas responden al fuego artillero, pero sin optar por cruzar el caño, pese a la petición que en dicho sentido cursa Lardizábal.

Quizás porque la pretensión del General Lapeña fuera la de reunir todas las fuerzas, para posteriormente realizar un ataque a fondo.

En dicho sentido había ordenado, mediante un correo, al General Graham marcha hacia la Torre Bermeja y el Coto de San José para dirigirse al caño de Sancti Petri, este considera que con dicha decisión se perdía todo el esfuerzo de las duras marchas desde Tarifa y se desperdiciaba la ocasión de castigar duramente al ejército francés, pero obedeció las órdenes recibidas.

La marcha de Graham para acercase a la posición conquistada por las tropas españolas se realiza utilizando el camino que discurre al norte de la playa de la Barrosa, atravesando el pinar.

En el Cerro de la Cabeza del Puerco, quedaban unas fuerzas de reserva de infantería y caballería, y en la playa cercana a la Torre se encontraba el tren logístico, custodiado por tropas españolas.

El General Lapeña opta por dejar con su Estado Mayor la posición del Cerro del Puerco y dirigirse al galope por la playa hacia la posición de Torre Bermeja, sin percatarse del movimiento de tropas francesas que hay alrededor.

El Mariscal Víctor, que conocía la llegada de las fuerzas aliadas a la Cabeza del Puerco, había trasladado desde Chiclana, hasta situar en los pinares de La Dehesa de Campano ocultos por las espesuras de los mismos, las divisiones de los Generales Leval y Ruffin, divididas en tres agrupaciones y dirigidas personalmente por el mismo.

Sobre medio día, el Mariscal Víctor, considerando que la situación del enemigo le era favorable, pese a no contar con la brigada del general Cassagne que venía de Medina Sidonia y que no se esperaba hasta medianoche, por lo que opta por atacar a las fuerzas situadas en el Cerro del Puerco y las escalonadas entre el cerro y la playa.

Para ello divide en tres agrupaciones sus fuerzas: las 2º División a su derecha, aproximándose a la linde del pinar. La 1º División del general Ruffin, se dirige directamente a la ladera sur del cerro. Y por último el 21 Batallón de Ligeros y dos escuadrones de ligero efectúan un movimiento de flanqueo hacia el terreno entre la ladera sur del cerro y la playa.

En ese momento, el Teniente General Graham, que había recorrido aproximadamente la mitad de los cinco kilómetros que separa el cerro del Puerco de Torre Bermeja, es avisado por piquetes españoles y según algunas fuentes por dos guerrilleros españoles a caballo de la presencia de tropas francesas.

Graham ordena la contramarcha y al entender que el campo despejado le beneficiaba mejor que la lucha entre los pinares, ordena la formación de dos agrupaciones: Wheatley a su izquierda para atacar el flanco de las columnas francesas que se acercan al cerro, con una posición centrada de la artillería mandada por el mayor Duncan y otra agrupación al mando del brigadier Dilkes por la derecha, avanza hacia el cerro con objeto de reunir con el batallón del coronel Browne, y desalojar de allí a los franceses.

Mientras las tropas aliadas que defienden el cerro, ante el avance francés, se repliegan hacia las posiciones del grueso de las fuerzas de Graham.

En el centro de las dos columnas el mayor Duncan emplazo las piezas de artillería iniciando un mortífero fuego, y cambiando de emplazamiento las mismas según las necesidades de la batalla.

En la linde del pinar combatieron las fuerzas del coronel Wheatley contra la 2º División de Leval, con un durísimo fuego de la línea anglo-portuguesa que causa un gran número de bajas debido tanto a la corta distancia, como a que las tropas francesas han sido sorprendidas en formación de columnas, lo que les imposibilitaba aprovechar su superioridad numérica. Además la artillería británica, emplazada a la derecha dispara desde corta distancia contra las columnas francesas.

El resultado fue desastroso para los franceses que sufrieron 720 bajas, perdieron sus piezas de artillería y el vieron como los ingleses capturaban su estandarte el águila coronada del 1º Batallón del 8º Regimiento de Infantería Línea. Lo que supuso la primera insignia imperial que tomaron las tropas británicas en nuestra Guerra de la Independencia.

En el zona entre el camino costero y la playa soldados españoles y alemanes del Brigadier Begines de los Ríos y del Mariscal Whittingham recuperaban los bagajes aliados capturados por el enemigo, y evitaban el movimiento de flanqueo de los franceses, cubriendo con la caballería el flanco derecho.

Simultáneamente el General Dilkes se forma en la derecha, lanzando el ataque cuesta arriba del cerro tratando de envolver a Ruffin, que se habían desplegado en el Cerro con una primera línea formada por la artillería.
Graham ordena el avance a primera línea del batallón de flanqueadores del coronel Browne para cubrir el despliegue de Dilkes, dirigiéndose hacia la ladera norte del cerro surcado por numerosas torrenteras y barrancos y soportando el fuego artillero de las tropas de Ruffin, que había desplegado sus tropas en el cerro con la primera línea apoyada en la artillería.

Los hombres de Browne aguantaron heroicamente, aún cuando más de la mitad de sus hombre yacían tendidos en el suelo alcanzados por el fuego artillero, y permitieron ganar el tiempo suficiente, para que el general Dilkes pudiera desplegar sus fuerzas y avanzar contra la cima en una línea irregular, consiguiendo llegar a lo más alto de la misma.

Víctor ordena un contraataque que es rechazado y ante el ímpetu del ataque británico y la situación de posible ruptura de sus líneas, el propio el Mariscal Víctor se pone al frente de sus granaderos cargando a bayoneta contra la línea británica, pero antes de llegar se detiene para lanzar una descarga de mosquetería perdiendo impulso inicial y enzarzándose en un combate de fusilería en el que llevan desventaja, viéndose envuelto por los ingleses y frenada su iniciativa.

El general francés Chaudron Rousseau es herido de muerte, los batallones franceses sufren enormes pérdidas y empieza a retroceder en desorden, los intentos de Víctor de frenar la retirada son vanos. El general Ruffin, cae herido y es hecho prisionero, piezas de artillería son capturadas por los ingleses.

Ante esta situación se francesas se retiran con un cierto desorden, que el Mariscal Víctor logra controlar mediante la protección a las mismas de dos o tres batallones que mantiene la formación, en un intento de reagruparlos para continuar la batalla.

Enfrente, el teniente General Graham reúne sus tropas cansadas y disminuidas, y entonces empieza a recibir refuerzos del General Lapeña, primero una compañía de zapadores y luego un Regimiento, aunque llegan tarde para participar en el combate.

Finalmente ante el nuevo fuego artillero que se produce, junto con la llegada de los refuerzos españoles, obligan al mariscal francés a desistir de su esfuerzo de continuar la batalla retirándose definitivamente.

Sin que la caballería aliada, fundamentalmente española, salvo algunos de los escuadrones hannoverianos que cargan contra los dragones franceses.

La batalla duro unas dos horas, aproximadamente. La acción contra las columnas de Ruffin y Leval algo más de media hora, en ese intervalo los franceses sufrieron más de dos mil bajas entre muertos y heridos y cuatrocientos prisioneros.

Las bajas aliadas por parte española fueron unos 390 hombres, entre los dos combates Torre Bermeja y Cabeza del Puerco. Las bajas británicas fueron: de 1238 efectivos. Los franceses sufrieron 2373 bajas. Entre ellas el General Ruffin, mortalmente herido y prisionero, y al General Chandron Rousseau, muerto en la batalla.

Estamos por tanto ante una de las batallas más cruentas de la Guerra de la Independencia.

Battle of Barrosa : obra propiedad Institut Cartográfic de Catalunya

En el anochecer del día 5 se reúnen los dos Tenientes Generales en la Casa del Coto, aunque presumiblemente todo transcurre bien, pero lo cierto es que Graham ofendido se retiró a la Isla, elogiando por su valentía a los soldados españoles, no opinando igual del mando español del que elevo un informe al embajador inglés en Cádiz.

Lapeña solicita de la Regencia permiso para continuar el ataque al día siguiente sin recibir órdenes, ni instrucciones. Aunque se producen ataques y desembarcos en distintos puntos por las fuerzas aliadas, la inacción en general del ejército aliado, conlleva que el día 12 de Marzo de nuevo sean ocupadas las posiciones de las líneas de asedio por los franceses, por lo tanto el resultado de la batalla estratégicamente fue absolutamente nulo.

Esto origina una gran controversia entre Lepeña y Graham, quienes se reprochan mutuamente la culpa del fracaso de la expedición. La disputa llego alcanzar tonos violentos, trascendiendo a las Cortes y al pueblo gaditano. El malestar alcanza a los dirigentes españoles y británicos, estos reprochan el retraso en apoyar la acción del Teniente General Graham, quien debe enfrentarse prácticamente solo al ejército francés, aquellos que el británico incumplió las ordenes recibida y abandono la zona de operaciones el día 6 de Marzo.

El primer resultado fue la sustitución del Teniente General Lapeña en el mando, aunque posteriormente el dictamen de las Cortes que juzgó su actuación lo absolvió de los cargos formulados.

Finalmente las Cortes zanjaron la cuestión dando oficialmente las gracias a los aliados ingleses y declarándose satisfechas con el comportamiento de los generales, jefes, oficiales y tropa del 4º ejército. Se condecoró a Lapeña con la orden de Carlos III y a Graham se le ofreció la grandeza de España con el título de “Duque del Cerro de la Cabeza del Puerco”, lo que provocó que esta la rehusara.

Batalla de Chiclana por José Luis Díaz de la Torre

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Lejeune y la cantinera Catherine

Batalla de Chiclana de Louis François Lejeune

Quizás uno de los cuadros más conocidos y representativo de la Batalla de Chiclana, sea el que lleva dicho título, que fue pintado por el pintor y general francés Louis François Lejeune.

Louis-François, barón de Lejeune, (1775-1848) fue un militar francés, nacido en Versalles, veterano de las campañas napoleónicas, en las que acompaño al general Bonaparte, lo que compagino con su pasión por la pintura y la litografía.

Convirtió las campañas de Napoleón en motivo de sus obras, lo que lo rodeo de fama y prestigio dado la veracidad y el vigor que supo imprimir a las mismas, generalmente ejecutadas desde esbozos hechos en los propios campos de batalla.

En su cuadro sobre la Batalla de Chiclana, que se encuentra en el Palacio de Versalles, representa una alegoría de dicha batalla, pintando en primer plano la  lucha de los soldados ingleses y franceses, tratando de reflejar el enfrentamiento de las dos grandes potencias europeas, y pintando en planos secundarios a los participantes españoles. Igualmente en la composición aparece la ciudad de Cádiz al fondo, para relacionar la batalla con su asedio, aunque realmente no es posible la visión de la ciudad desde el lugar donde se desarrolló la batalla.

Pero hay un detalle en este cuadro que me llama especialmente la atención, y creo que merece la pena conocer. En la parte inferior del cuadro hacia la derecha aparece una figura femenina dando de beber a los soldados en plena batalla, que podemos apreciar mejor en la ver en la fotografía con incluimos abajo.

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Bicentenario Batalla de Chiclana

Con motivo de la celebración el próximo 5 de Marzo del bicentenario de la Batalla de Chiclana o de la Barrosa, y dentro de las actividades conmemorativas del mismo, ha tenido lugar un acto de homenaje y reconocimiento al General Thomas Graham. En dicho acto se le ha dado su nombre a los jardines que rodea la Casa del Coto y se ha ubicado en la misma un busto, como recuerdo y reconocimiento de su heroico comportamiento en la citada batalla.

No puedo por menor que aplaudir la iniciativa y dicho homenaje, que considero totalmente adecuado y merecido, porque independientemente de las discusiones, opiniones y debates sobre la batalla y el comportamiento de los participantes, lo que parece fuera de toda duda es que por “locura”, “atrevimiento” o “valentía” el gran protagonista de la batalla principal, la que acaeció en el Cerro o Loma de Cabeza del Puerco y pinares aledaños, en la que se derroto un ejército francés superior en fuerzas y en la que las fuerzas aliadas, fundamentalmente británicas, se batieron como verdaderos héroes, fue el General Thomas Graham.

Tanto en aquella época como en la actualidad, se dan distintas versiones sobre el comportamiento de los protagonistas de la Batalla de Chiclana, se discute sobre su actuación y las consecuencias posteriores. Hoy sigue la controversia sobre si el General Lapeña abandono a Graham a su suerte o si actuó correctamente pues Graham debió cumplir con la orden de marcha que tenía de su superior, así como si se hubiera sido posible o no, un nuevo ataque el día siguiente, que hubiera podido conseguir una derrota total del ejército francés y el levantamiento del cerco de Cádiz.

Pero no parece justo, que por el afán de defender el papel jugado por los españoles en la batalla y de reponer el buen nombre o la actuación del General Lapeña, se olvide, silencie o menosprecien la actuación del protagonista principal, que no es otro que el General Graham.

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