Felicidad Nacional Bruta (FNB)

Bután-o-Bhután

El Reino de Bután o Bhután, es un pequeño y montañoso país, localizado en la vertiente sur de la cordillera del Himalaya, en la región del Tíbet, entre India y China.

Actualmente es una monarquía parlamentaria, su actual monarca Jigme Singye Wangchuck, preocupado fundamentalmente por la cultura de su reino y por el medio ambiente, ha acuñado el término Felicidad Nacional Bruta (FNB), contraponiéndolo al concepto de Producto Nacional Bruto (PNB).

Es decir, la felicidad es la riqueza que se mide. Esta iniciativa constituye un intento de lograr impulsar la modernización de Bután, sin perder las tradiciones, base de la identidad del pueblo butanés.

Con una fuerte influencia de la religión budista, procuran un desarrollo que compagine su forma de vida, la preservación de su cultura, con el crecimiento, pero primando que este sea sostenible, inculcando el respeto por el medio ambiente y la conservación del mismo.

El fundamento de su gobierno se basa en cuatro pilares básicos: buen gobierno, preservar la cultura y la forma de vida butanesa, conservación del medio ambiente y desarrollo socioeconómico equitativo.

Este objetivo de conseguir unas mejoras tanto materiales como espirituales,  confluye en Planes de Desarrollo bajo la etiqueta de Felicidad Nacional Bruta (Gross National Happiness), primando aspectos como las mejoras en la sanidad y la educación (70% de escolarización, el más alto de la región del Himalaya), preservación del medio ambiente (apuesta por mantener los bosques en el 60% de su territorio), más que en la industrialización o en la diversificación de la economía.

Supone un experimento o una vía alternativa realmente curiosa, pese a su escasa población que supera en poco el millón de habitantes, y de tener una renta per cápita baja, no se da una situación de hambre en comparación con otros países de características similares, aunque esto no suponga que no existan penurias en una zona eminentemente agrícola, con una población que vive mayoritariamente de lo que producen en sus campos, y con carencias de luz, agua, etc., en muchas zonas.

El turismo ha supuesto para ellos una nueva fuente de ingreso, ahora bien para frenar la contaminación cultural que les pueda llevar a perder sus tradiciones, han establecido un sistema peculiar, restringen el número de visitantes a la capacidad de atenderlos adecuadamente, es decir limitan el número de visitantes que pueden acceder a Bután, mediante el control del turismo por la agencia de turismo estatal, la Bhutan Tourism Corporation, que supervisa todos los aspectos de las visitas, número de visitantes por año, rutas, alojamientos, contactos con la población rural,  duración del viaje (7 -8 días), etc., debiendose pagar 200 dólares por persona y día de estancia, que implica todo el gasto que realizará (alojamiento, comida, rutas, etc.).

De esta cantidad una parte, aproximadamente cincuenta dólares, se destina a planes de desarrollo sostenible en beneficio del país.

Una experiencia curiosa, cuando menos.

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