¡Gaza es la prisión más grande del mundo!

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Gaza viene viviendo desde hace meses una situación insostenible, atrapados dentro de un auténtico campo de concentración, privados de recursos, alimentos, y de cualquier posibilidad de desplazarse, rodeados por el ejército de Israel y con las fronteras con Egipto cerradas.

La ofensiva extremadamente violenta del Estado de Israel, entra en su tercera semana con un balance, al día de la fecha, de más de 850 palestinos muertos y 3.500 heridos, afectando a la población civil de manera indiscriminada, sembrando el terror en una población atrapada que no se atreve a salir de sus casas para recibir la ayuda médica, y que no respeta ni al personal de ayuda humanitaria, siendo también bombardeados hospitales y ambulancias.

Mientras los tanques, aviones y artillería israelíes abren fuego en zonas densamente pobladas, un millón y medio de personas viven aterradas por no encontrar la salida de lo que parece ser una prisión a cielo abierto: la ciudad de Gaza. Al mismo tiempo, Hamás continúa lanzando cohetes a Israel, con un balance de once ciudadanos israelíes muertos.

La crisis humanitaria en Gaza se agrava día a día. Los apagones y la falta de comida y medicinas no logran llamar la atención del Mundo que se niega a escuchar el grito de auxilio del millón y medio de seres humanos que viven en una prisión de facto.

La excusa que utiliza el Estado de Israel, es el lanzamiento por parte de las milicias de Hamás de cohetes artesanales, una especie de bazooka un poco adaptado sin ningún tipo de guías, cuya efectividad es de menos del 0,01%, y con un alcance muy limitado. Son los llamados “misiles” Al-Kasam. Es obvio que si te cae encima uno de ellos te mata, y de hecho llevan once víctimas, pero si su efectividad es más que dudosa, ahora bien el impacto psicológico de los misiles caseros en Israel es muy fuerte para los israelitas, de ahí la respuesta.

Pero esta respuesta es desproporcionada, atroz, una verdadera carnicería poniendo a un millón y medio de palestinos, la mitad de los cuales son niños, totalmente a merced de las balas y los bombardeos incesantes. Con ataques a escuelas, algunas de ellas protegidas por Naciones Unidas, que no se ven libres de los ataques y de la muerte de sus ocupantes. Al Estado de Israel parece no importarle la verdad, ni la vida de civiles, ni el Derecho Internacional, ni pueden justificar la masacre en Gaza por el hecho de que la resistencia palestina lance misiles de fabricación casera contra las poblaciones israelíes aledañas a Gaza.

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Otro argumento del Estado de Israel para justificar la muerte de civiles y niños, es que los activistas de Hamás se esconden detrás de la población civil, pero ello no le exime del respeto a las vidas de los inocentes. Franck Joncret, jefe de misión de Médicos Sin Frontera, se pregunta al respecto: «¿Quién podía creer que un ataque tan arrollador no afectaría a los civiles, sin posibilidad de huir y amontonados en este enclave extremamente poblado?»

La desproporción en la respuesta es la evidencia de la desigualdad de fuerzas entre uno de los Ejércitos mejor equipados del mundo y un movimiento palestino que se alimenta de la desesperación de los palestinos en los territorios ocupados, donde la muerte parece el único destino claro: mártir o víctima, esa es la única opción para los niños palestinos.

La cuestión no es si se justifica o no el terrorismo, nadie se confunda. La cuestión es, de nuevo, de proporciones.

Claro que disparar proyectiles explosivos, así sean de fabricación casera y alcance limitado, contra población civil viola todo el Derecho Internacional Humanitario y la IV Convención de Ginebra. Nadie dice que eso esté bien. El asunto es que hay gobiernos, como el de Israel, que esgrimen eso como justificación de un bombardeo masivo contra una de las zonas más densamente pobladas del mundo. El estado de sitio en Gaza no dará más seguridad a Israel, sino que solo traerá más rencores y odios.

La Comunidad Internacional no puede permanecer en la inacción, pues lo que está haciendo Israel en Gaza es una masacre mientras el resto del mundo mira a otro lado. La aprobación el pasado jueves por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de la resolución 1860 en la que se insta a un inmediato alto el fuego en Gaza. Se quedará una vez más en papel mojado, en palabrería de salón mientras continua la matanza.

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Miles de manifestantes se han lanzado a las calles en distintas ciudades del mundo para condenar la inhumana acción militar de Israel en Gaza y tachar de inaceptable que se aduzca el lanzamiento de cohetes por Hamás contra la población israelí para justificar su atroz actuación en Gaza.

Se han repetido en todas ellas la condena a los ataques de Israel y se ha pedido un alto el fuego. Algunos políticos como el ex alcalde de Londres, el laborista Ken Livingstone, instó al Gobierno británico y a la Unión Europea a «parar esta masacre» con iniciativas económicas, a fin de «forzar a Israel a poner fin a la matanza».

Los convocantes han calificado de «masacre» el resultado de la intervención militar de Israel y han llamado la atención sobre el hecho de que muchas de las víctimas son niños inocentes

En este sentido, han remarcado que esta ofensiva «no es el primer baño de sangre» que los israelíes protagonizan en Palestina y que, por tanto, «no supone ningún cambio de lógica en la estrategia de Apartheid» que lleva a cabo, a su juicio, el Estado de Israel.

Esta masacre se puede calificar como crimen contra la humanidad, en nombre de los derechos humanos  debe acabarse con esta masacre contra la población civil. Recordar al pueblo de Israel que holocausto hoy, significa también “gran matanza de seres humanos”.

Me sumo a los que piden un alto el fuego controlado y garantizado internacionalmente, pues mientras la comunidad internacional debate y se demora, cientos de civiles mueren día a día.

Para que el alto al fuego sea duradero debe proteger a los civiles y terminar con toda clase de ataques: los de Israel a través de aviones o incursiones terrestres y los de cohetes palestinos atacando el sur del territorio de Israel. Se necesita con urgencia supervisión internacional en los pasos fronterizos, reabrir dichos pasos en Gaza para que ingresen alimentos, combustible y medicinas, prevenir el contrabando de armas y controlar y garantizar el alto al fuego de ambos lados.

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