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Más sobre el “problema catalán”

Reproduzco por su interés, la Tribuna de Ángel Tarancón (08.01.2014) publicada en medios del Grupo Joly:

“La idea con la que se pretende explicar e, incluso validarlo, idea defendida y jaleada también por la autodenominada izquierda catalana -Esquerra Republicana, Izquierda Unida y, con una simulada contención por el PSC-, es la del victimismo. Cataluña ha visto rota, frustrada, la promesa que los catalanes, según ellos, creyeron contenida en la Constitución del 78.

Pero tales esperanzas han sido burladas, de ahí -concluye- su legítimo derecho a quedarse o irse del Estado español.

Una tal premisa y una tal conclusión dichas sin más, es decir, sin entrar en el examen de hechos concretos y constatados, las convierten en sonados brindis al sol, de segura utilización política.

La Constitución del 78 dice lo que dice y entre otras cosas lo que dice es que su interpretación corresponde al Tribunal Constitucional, afirmación ésta al parecer peligrosa pero que fue votada también muy mayoritariamente por los catalanes.

Lo expuesto, exige por nuestra parte las siguientes consideraciones:

-España es el Estado unificado más antiguo de Europa.

-Sobre la naturaleza federal y no meramente regional de la España que configura la Constitución del 78 no suelen existir dudas entre los constitucionalistas, que coinciden en subrayar las altas cuotas de autogobierno alcanzadas y que resultan, no de elucubraciones teóricas, sino de algunos datos significativos de carácter material. Por ejemplo, los relativos al grado de reparto del gasto público entre el Estado y las Autonomías; los porcentajes relativos de empleados públicos en unos y en otras; la cantidad e importancia cualitativa de las materias que han sido objeto de descentralización (así, la Sanidad y la Educación); la propia naturaleza política de este desarrollo autonómico competencial (no sólo meramente ejecutivo sino también legislativo), etc.

Los nacionalismos catalán y vasco -los ricos de la familia- no han tenido nunca como meta última la resultante de la Constitución del 78, sino la independencia. Pero el nacionalismo no es algo natural ni tampoco está inscrito en las condiciones previas de la vida social en general.

“Los estados -dice el filósofo Pep Subirós- existen. Las naciones no existen: son existidas. La nación, como comunidad de orden superior a la suma de individuos de una sociedad, es un producto del nacionalismo. Sin nacionalismo no hay nación”.

Ello no significa que las reivindicaciones de los nacionalistas sean políticamente irrelevantes por estar basadas en una inventio, porque lo que importa es, si dadas unas determinadas y discriminatorias condiciones socioeconómicas por las que una colectividad atraviesa o se le predica que padece hasta su asunción como firme creencia, pueden hacer que la idea parezca irresistible en vez de absurda.

¿Y cuál es el hecho motor que realmente se está utilizando ahora para sustentar el nacionalismo independentista catalán?: el que son víctimas de la agresión y el saqueo permanente del resto de España.

A la burguesía catalana, responsable de la actual apertura de compuertas de la riada nacionalista que, ya veremos si, finalmente no resulta arrastrada por ésta, no se le ocurrió ni por asomo pregonar nacionalismo alguno cuando, por ejemplo, el franquismo, del que se convirtieron en sus principales valedores, le brindó, con su dogma de la autarquía autonómica, la posibilidad de colocar sus invendibles manufacturas en el único mercado en que ello resultaba factible: el del resto de España o cuando, en la misma época, aquella “avispada” burguesía, con el beneplácito de la burguesía agraria andaluza, única fuerza económica de algún relieve existente en nuestro Sur, entró a saco en el ahorro acumulado por los terratenientes andaluces para acelerar el montaje en Cataluña de una industria que atendería las elementales demandas del resto de España. Este expolio sí que podría haber sido una justificación para que Andalucía se hubiese separado de Cataluña.

Y ahora, ¿qué exigencia encabeza la auténtica representación política de aquella burguesía? Pues ahora, partiendo del supuesto de que puede disponer ya (?) de un mercado grande -el europeo- con un más que notable potencial económico, lo que propone a los votantes catalanes -con el asentimiento de aquella izquierda oportunista y del, también oportunista PSC, de los que ha desaparecido la elemental idea de solidaridad-, es que Cataluña -en expresión de alguien que, aunque siempre antifranquista y de izquierdas y con una clara relevancia en el mundo cultural catalán, está siendo, como mínimo, denostado por ello- “se quiere comer sola la tortilla hecha con huevos aportados por el resto de España”.

Defensa desapasionada de la Monarquía

Monarquia-Republica

La Tribuna

Defensa desapasionada de la Monarquía

Angel Rodríguez (Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Málaga) 14.04.2013 – Cumpleaños de la II República

HOY, a los 82 años de su proclamación, somos muchos los que aún llevamos la República en el corazón. Algunos también llevamos la monarquía parlamentaria en la cabeza, lo cual no deja de ser una paradoja por partida doble: primero, porque se supone que nada debería ser menos pasional que la República, culminación de la aspiración ilustrada de someter el poder político al dictado de la razón; segundo, porque se supone que nada debería ser menos racional que la monarquía, que hunde sus raíces en las supersticiones oscurantistas del origen divino del poder. ¿Qué ha pasado en nuestro país para que la opción republicana se haya vuelto más sentimental que racional y la monarquía haya logrado rodearse de una racionalidad que siempre le ha sido ajena?

Como todo lo que comienza levantando grandes expectativas, dura poco y acaba trágicamente, la República terminó convirtiéndose en un mito. Y como todos los mitos, sus aspectos positivos (¡y vaya si los tuvo!) han oscurecido los negativos (por cierto, entre estos estaba la figura del jefe del Estado, que fue mal diseñada por la Constitución republicana y salió peor parada cuando se puso en práctica). El mito ha hecho que quedara oscurecido, sobre todo, su principal defecto: que terminó mal.

Cierto que fue el golpe fascista de Franco el que causó su derrumbamiento final, pero, como el propio Azaña dejó escrito, la República difícilmente habría sobrevivido si la Guerra Civil la hubieran ganado los nuestros. La guerra en la que un bando vio el medio para terminar con la democracia republicana era vista por muchos de los que combatían en el otro como la gran oportunidad para poner fin a un régimen burgués. Unos luchaban por el fascismo y otros por la revolución; juntos, fueron más que los que lo hicieron por la República.

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Táctica de Romanones: duros a tres pesetas

Conde-Romanones

Álvaro de Figueroa y Torres, I Conde de Romanones, fue un político español, que representó el prototipo de político maniobrero, de escasos escrúpulos y valedor de poderosos intereses económicos. Fue elegido diputado de forma ininterrumpida desde 1886 hasta 1936 en las listas del Partido Liberal, por la circunscripción de Guadalajara.

El secreto de sus reiterados triunfos electorales era una habilidosa combinación de caciquismo y clientelismo hasta el punto de hacer de la provincia alcarreña su verdadero feudo.

Es antológica una de las anécdota que protagonizó.

En cierta ocasión, don Antonio Maura, que llegaría años después a ser jefe del Partido Conservador y Presidente del Consejo de Ministros en varias ocasiones, decidió disputar el escaño al jabonoso Conde.

Se presentó en Guadalajara y allí se le informó de que tendría muy complicada la cosa pues el Conde de Romanones ofrecía a cada elector 2 pesetas por voto y que eso había generado un tejido cautivo muy difícil de rasgar.

– Muy bien, dijo Maura. Si Romanones paga el voto a 2 pesetas, yo lo pagaré a 3. Y, dicho y hecho, Maura empezó a comprar los votos a 3 pesetas.

Pasados unos días Romanones llegó a Guadalajara, como siempre, a repetir la jugada. Pero cuando hubo llegado se le informó que ese año lo tendría realmente difícil puesto que Maura se le había adelantado y además había ofrecido 3 pesetas por voto. Entonces Romanones no vaciló.

Fue localizando a los electores que habían sido tentados por Maura y, uno por uno, les iba diciendo:

– Toma un duro y dame las tres pesetas (que habían previamente recibido de Maura).

El resultado lo pueden imaginar: Romanones arrasó, los electores se embolsaron cada uno un duro (cinco pesetas) y a Romanones los votos le costaron a dos, como de costumbre.

Ahora entiendo aquello de dar duros a tres pesetas.